Recuerdos




Existen esos recuerdos que sin necesidad de pensarlos cada día o esforzarse por no olvidar simplemente se aparecen.
Basta con una imagen, escuchar un sonido, una canción, sentir un aroma o la brisa fresca de la mañana, para que de la nada te hagan latir el corazón una vez mas... como esa vez, cuando los viviste. Antes de que sean recuerdos...
Así es como al pasar por una calle muy cercana al hospital de Vicente Lopez en mi memoria apareció la mañana en la que nos sacamos sangre para los análisis prenupciales.
Estábamos callados esa mañana, un poco tensos tal vez, asustados. Dando un paso de los definitivos. A dos semanas solamente de comprometer nuestras vidas a estar juntas y ser una de la otra para siempre.
El amor es fuerte, pero en momentos como el previo al "si, acepto" el miedo existe, es innegable!
Y ahí estábamos los dos, calladitos, en la fila del consultorio con unas cuantas parejitas mas. Nos mirábamos y reíamos uno del otro... y el nudito de miedo en la boca del estomago seguía ahí...
Hasta que llego nuestro turno!
Entramos en el consultorio, había un enfermero con los guantes puestos listo para clavar la aguja.
Yo fui primero, soy de las que no se asustan con una aguja ni se impresionan con ver sangre.
Me senté, extendí el brazo, señale donde tenía que pinchar (después de una mala experiencia con una enfermera poco habilidosa que me dejo el brazo hinchado una semana prefiero guiarlos yo) y listo! Sangre en el tubito y curita en el brazo.
Ahora le tocaba a él.
Se sentó, con toda su valentía de hombre que no se asusta, y cuando vio la aguja le cambio el semblante.
El seguía manteniendo su cara de "los hombres no nos impresionamos con una agujita y unas gotitas de sangre", pero yo, que conozco esa mirada como si hubiéramos vivido juntos desde nacer sabia la verdad, un poco lo incomodaba esto de que le pinchen el brazo.
No lo dude, me acerque, tome su otra mano y le di un beso.
Entre todo eso la sangre ya estaba en el tubito.
Salimos del hospital y nos fuimos a desayunar a un café que casualmente hoy le pertenece a un amigo nuestro.
Después de un café calentito nos subimos a la moto (en esa época todavía teníamos la moto) y paseando por las hermosas calles de Vicente Lopez nos fuimos a casa.
Era una bella mañana de Noviembre. El sol brillaba y una leve y fresca brisa rosaba suavemente nuestras caras.
Íbamos por esa calle cuando abrace muy fuerte a ese hombre que tenía adelante, apreté mi cara contra su espalda y mientras escuchaba su respiración serena sentí que todo era perfecto, que todo iba a estar bien... y que no me había equivocado, ese hombre es con quien quiero vivir el resto de los días de mi vida.

2 comentarios:

Anónimo dijo... at viernes, abril 01, 2011 2:09:00 p. m.

Que lindo lo que escribiste!!! Muy detallado, bien para hacer la escena que vivieron.
Besos a los 4 (Eze, Vos y tus bebes!!
Ariela

a.krylova dijo... at sábado, abril 02, 2011 4:00:00 p. m.

Que lindos los comentarios que me dejas Ari!
Gracias!
Besotes!! :)

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